Un malentendido

Masala | 16/03/2013

cabecera-cuervoingenuoLa clase política está un tanto desquiciada. Desde su punto de vista, la ciudadanía se está poniendo de un tiquimisquis insoportable: que ahora quiero saber cuánto ganas, no sea cosa que te lleves patrimonio público; que a ver los negociados que me haces gobernando; que si el confeti estatal; que si las dietas marineras municipales.

Como muchas otras situaciones, se trata de un malentendido. Cuando durante las campañas electorales nos hablan de una «gestión transparente» no se refieren en ningún caso a facilitarnos el acceso a la información sobre su propio patrimonio, salarios o ingresos. Tampoco se trata de que la ciudadanía tenga conocimiento sobre los gastos públicos. Es que, pobre gente, no nos estamos entendiendo, vaya angustia les estamos generando, angelitos.

Y aquí viene lo bueno… Estamos, políticos y ciudadanía, usando acepciones diferentes de la definición de «transparencia». Salta a la vista consultando la palabra «transparente» (del latín trans-, a través, y parens, -entis) en el diccionario. Para la ciudadanía sería algo cercano a: «adj. Dicho de un cuerpo: a través del cual pueden verse los objetos claramente», incluso, hay quien es muy exigente y puede llegar a entender: «adj. Claro, evidente, que se comprende sin duda ni ambigüedad». ¡Qué ilusión!

Para la clase política, en cambio, el significado es otro. Podría tratarse de: «adj. Que se deja adivinar o vislumbrar sin declararse o manifestarse». Ahora entendemos el veto a exponer públicamente ciertos expedientes… ¡Se trata de adivinar! ¡La idea es dejarnos vislumbrar pero en ningún caso mostrarnos abiertamente!

Existe otra acepción que, curiosamente, también coincide con la coherencia municipal de CiU. Es la siguiente: «m. Ventana de cristales que ilumina y adorna el fondo de un altar». Comprobarlo es sencillo, reemplazando palabras se abre a nuestros pies un mundo de sabiduría: en lugar de «gestión transparente» diremos «gestión de una ventana de cristales que ilumina y adorna el fondo de un altar». ¿A qué os queda mucho más claro?

Os lo dije, era un simple malentendido.

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