Iñaky, El Lokal

Youssef Elmaimouni - Ilustración: Antonio Garrido | 05/03/2014

Y cuando llegue el día del último viaje,

y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,

me encontraréis a bordo ligero de equipaje,

casi desnudo, como los hijos de la mar.

«Retrato», Antonio Machado

Masala se detiene, en este formato de papel. Continúa su viaje cambiando de piel. Quién sabe si volveremos a tener entre las manos el periódico de información, denuncia y crítica que durante tantos años de forma desinteresada ha compartido verdaderas historias de contrapoder incomodando a las respectivas administraciones y haciendo de altavoz de los superhéroes anónimos de Ciutat Vella y la ciudad marca.

Iñaki es un claro ejemplo de lo que es Masala y es la representación ideal de los cientos de anónimos y cientos de superhéroes que pueblan el distrito y la ciudad. Iñaki es quien, además, lleva 26 años haciendo del Lokal un lugar abierto, de encuentro, difusión y creación de material alternativo.

¿Cómo empezó El Lokal? «El Lokal lo empezamos un grupo de unas ocho personas vinculadas al Ateneu Llibertari de Poble Sec. Teníamos clara la ubicación, el Raval, porque era donde nos movíamos y había una larga historia con la pizzería Rivolta, el local de la CNT […]. También coincide con un momento donde el punk, las radios libres, los materiales alternativos y las agencias suburbanas de noticias estaban en alza y todas ellas relacionadas podían tener cabida en El Lokal. No era un modelo cerrado, pero funcionó desde el primer momento; aunque algunos nos veían como los drogotas, los raros.

»Siempre hemos estado en la calle de la Cera. A muchos les daba miedo venir a esta zona, y aún hoy funciona ese estigma, pero tiene mucha historia como, por ejemplo, los gitanos de Peret; Montalbán nació aquí al lado y, como comenta Manel Aisa, no fue casual que hubiera una escuela racionalista aquí mismo. La transformación es constante y la lucha contra la especulación está presente. Antes, la Rambla era territorio amigo, ahora es imposible. El turismo ha empezado a verse más ya en esta zona del barrio, pero gracias a la llegada de los inmigrantes se ha detenido la gentrificación y se ha mantenido el carácter. A pesar del discurso multicultural, se sabe que tanto inmigrante sin poder adquisitivo no gusta.

»No soy de los que piensa que cualquiet tiempo pasado fue mejor, pero si hay algo inadmisible, y que no tiene perdón, es el costo humano, las miles de personas que han sido obligados a dejar el barrio.»

Iñaki es un discurso en cascada, no hace falta que le haga apenas preguntas, porque él sabe mejor que yo de qué va la cosa. «Juan Andrés es un vecino, era un vecino. Pequeño comerciante, lo mataron a palos. Fue muy grave, la gota que colma el vaso y la muestra de la actitud policial en el barrio: siempre dura, provocadora, arrogante, molesta, abusiva, indignante. Los vecinos lo vieron desde sus balcones, aquí no hay excusas. Estamos hartos de que se criminalice al barrio, que se mire hacia otro lado, que se penalice a la persona, publicando el mismo discurso institucional: que si era adicta, gay, agresiva… y que no se hable de la causa de la situación.

»Hartos de que las administraciones no solucionen sino provoquen. Siempre ha habido gente durmiendo en la calle, pero ahora hay muchísimos más. El desinterés en mejorar la situación de las prostitutas, los menores a los que no se les permite un futuro, los ancianos… Si no suceden más cosas es porque los propios vecinos, los superhéroes invisibles, dan respuesta a muchos problemas cotidianos.»

Por El Lokal han pasado muchos grupos y colectivos y la librería siempre ha funcionado de forma autogestionada. Un espacio útil para las luchas desde abajo, creación contracultural o cultura alternativa. «En los primeros tiempos tuvimos importancia en el movimiento alternativo libertario con la revista La Lletra (A). También hicimos red de intercambio con gente de Madrid, Euskadi o Zaragoza, relacionándonos a partir de la música, las revistas, las radios libres, las agencias. En 1992 fue difícil, pero fuimos cuna para muchas personas que venían a buscar a otras que también pusieran en cuestión las Olimpíadas, la Expo de Sevilla… En 1994, con el movimiento zapatista, también tuvimos fuerza, aunque quizás el colectivo monopolizó El Lokal; además, las luchas antiglobalización, el Movimiento de Resistencia Global; en 2001, cuando se suspendió la cumbre del Banco Mundial, la querella contra Julia García Valdecasas, Praga 2000; la época de los encierros de inmigrantes en las iglesias, el antimilitarismo… Nos tachaban de antisistemas y, por un lado, decías “¡joder!” y, por el otro, reconocías a quien te etiquetaba así. Por lo menos, ahora ya no somos los únicos raros; un ejemplo es el movimiento de los indignados.»

¿Iñaki, como ves el punto al que ha llegado Masala? «Respeto mucho la decisión que se ha tomado, pero me sabe muy mal. Para mí, Masala ha convivido con una época muy trascendente. Es una publicación muy bien hecha, rigurosa, regular, autogestionada, que expresa muy bien lo que pasa y siente el barrio. Que desaparezca Masala no es cualquier cosa. Lo vivo como una pérdida, razonable, pero una pérdida. La Administración estará muy contenta.»