Tras el 17A

Dos voces jóvenes del Raval

Texto: Andrés Antebi | Ilustraciones: María Romero García | 01/01/2018

Es ya un lugar común que tras atentados como los del pasado 17 de agosto en Barcelona y Cambrils, en medio de la conmoción generalizada, se abra la veda a la palabrería. Académicas, periodistas, tertulianas o supuestos expertos se lanzan, prácticamente en tiempo real, a hacer toda clase de conjeturas y aseveraciones desde sus púlpitos, a todo volumen.

Muchas veces, esas voces, más que arrojar luz, contribuyen a dificultar la comprensión sobre lo que ha ocurrido, convirtiendo el análisis en un batiburrillo de informaciones sesgadas que no van más allá del puro ruido. En el torbellino, no hay tiempo para profundizar y no hay intención de dar la palabra a personas que puedan sugerir enfoques distintos y ampliar las perspectivas. Tras los atentados todo el mundo hablaba de la juventud, pero casi nunca era esta la que tenía la voz. Es por ese motivo que, pasados ya unos meses, hemos creído oportuno convocar a dos jóvenes del Raval, Ilham (18) y Biswajit (24) para entablar una conversación sosegada, una tarde cualquiera, cerca de Las Ramblas, para que cuenten y comparen sus pareceres alrededor del atentado, de su posible repercusión en determinadas comunidades, del miedo y el racismo a pie de calle y, en general, de su día a día en el barrio en el que crecen. Tienen la palabra.

Ilham, de 18 años, nació en Tánger (Marruecos) y vino a vivir a Barcelona con solo un año de edad. Estudia en el IES Milà i Fontanals y es muy activa en la vida asociativa juvenil del barrio.

Biswajit, de 24 años, nació en Bangladesh y vino a Barcelona con diez años. Estudia 4.º de económicas en la UB y ha estado vinculado al proyecto antirracista Ravalució.

Guetos y diálogo intercultural

B: «Yo soy bengalí, vengo de Asia, de un país con una cultura muy diferente. Para entablar diálogo, necesito conocer a gente española, gente de aquí. Si no, me quedo en el gueto. Todos somos inmigrantes, pero hay que conocerse con gente de aquí y otros países para romper los guetos. Y no es fácil.»
I: «Yo he tenido una doble experiencia. Primero estudié en un instituto en el que casi todo el mundo era gente de aquí, y tengo un montón de amistades españolas. Luego pasé al Milà, donde la mayoría somos gente de fuera. Fue un poco un choque. Yo soy de un país vecino, pero me considero de aquí. Estaba acostumbrada a gente de aquí y, de repente, tuve que acostumbrarme a gente de otros países. Se me abrió otro mundo, una oportunidad para conocer a personas pakistaníes o filipinas, países de los que desconocía casi todo. Pero, no nos engañemos, los guetos existen. Tienes la misma lengua, la misma cultura, es más fácil el entendimiento. El tema del idioma influye mucho. Si estamos un grupo de chicas y la mayoría son pakistaníes acaban hablando urdu. Lo mismo pasa conmigo, si estoy con gente árabe, me sale el árabe. No es a malas. Te sale así, no te sale hablar español, cuesta cambiar para integrar a quien habla diferente.»
B: «Mis amigos del barrio no son de aquí. Cuando estaba en bachillerato, todos mis amigos eran de familias extranjeras. Algunos han nacido aquí, pero sus padres, abuelos y tatarabuelos son extranjeros. Cuando empecé la educación superior, conocí a más gente de aquí, hice colegas, pero es curioso, porque muchos no conocían el barrio y no querían venir al Raval por la noche, porque pensaban que era peligroso. Luego venían de fiesta igual y veían que no pasa nada.»
I: «A mí me ocurre lo contrario; yo con mis paisanos me relaciono poco, y la mayor parte de mis amigas son españolas, desde hace años, desde el bachillerato. […]
»Existe en la ciudad lo que podríamos llamar “ambientes de blancos”. Suena mal, pero es una realidad. En el Raval, sin embargo, la mayoría de la gente que vive es extranjera y eso contribuye al estigma. El hecho de que la mayoría no sea de aquí hace que algunos piensen que es un barrio bajo, marcado por los conflictos, la delincuencia, la drogadicción, etc. Es puro desconocimiento: “Lo que no encaja en lo que yo conozco es peligroso para mí”. Se habla de culturas que se desconocen, de religiones que se desconocen, de lugares que se desconocen. Solo hace falta salir un día a caminar y ves que no pasa nada. Es un barrio más.»
B: «Para mí el Raval es el mejor barrio que existe. Yo voy a Gracia y lo veo todo muerto. Este tiene vida nocturna y las administraciones están todas cerca. Si hay que hacer papeleo es más cómodo. La gente de mi comunidad está aquí.»
I: «En mi familia se plantea un poco al revés. Hemos tendido a alejarnos un poco de nuestra comunidad. No desplazamos a nuestra comunidad, pero hemos tendido a involucrarnos, añadirnos en otras comunidades para afrontar el día a día desde lugares más diversos. Es complicado, te expones, hay racismo, pero aquí, en el Raval, es más sencillo, porque la mayoría somos extranjeros. No se marcan tanto las diferencias raciales como las procedencias. Tú eres bengalí, tú marroquí, tú filipino, tú español, tú vienes de aquí, yo vengo de allá. Hay discriminación, pero también hay mucho vínculo. Estos barrios son parecidos a esos pueblos donde la gente se conoce. Vas por la calle saludando.»
B: «Lo que no podemos hacer es automarginarnos. Las sociedades cambian, las culturas se adaptan. Hay que adaptarse a lo que hay. Si no te adaptas, siempre estarás marginado. Hay que cambiar. En el mundo laboral, por ejemplo. No se aceptan determinadas vestimentas. Por mucho que sea tu cultura. Es lo que hay. La sociedad capitalista funciona así.»
I: «Yo discrepo totalmente de eso. No puedo entender que mi cultura o mis creencias tengan que desaparecer por adaptarme a algún lugar. Yo soy musulmana y decidí ponerme el velo. Y no creo que eso tenga que afectarme para poder conseguir un puesto de trabajo. Yo puedo estar perfectamente cualificada para un puesto de administrativa, por ejemplo, y sacar el mismo trabajo con velo que sin velo. Hay que aceptar la diferencia. Yo soy musulmana y tengo amigas muy diferentes que me aceptan como soy y yo las acepto a ellas. Una es católica, una es lesbiana, otra es atea… Se trata de coger un poco de todo, hacer como una macedonia. No creo que por ser diferente haya que adaptarse a algo. Estar marginado, estar marginado… El niño que está marginado en clase, en una silla, a veces tiene mucho más que aportar que aquel que está hablando todo el rato sin argumento alguno. Si yo soy marroquí y quiero vestirme con mi jellabah, ¿a quién le tiene que importar?»

El 17A

I: «El 17 de agosto. Mmm… Es importante, es verdad, murieron personas, no es una cosa que vaya a pasar desapercibida. Pero hay algo que me chirría. En todo el mundo hay gente muriendo cada dos por tres, hay guerras… es como si por ser un país europeo a estas cosas se les diera más importancia que las que están ocurriendo en otros sitios. Pasa en Francia, “cuidado”; pasa en Bélgica, “cuidado”; en España, “cuidado”. Está ocurriendo cada día en Siria, en Palestina… el otro día hubo un camión bomba en Somalia y nadie dice nada. ¡Pero qué hipócritas somos! Por unos hacemos minutos de silencio y por otros no hacemos nada. Claro que se le ha de dar importancia, pero creo que se le da más de la que se debería. No se la damos a todos por igual.»
B: «No sé que necesidad tenían estos chavales de hacer eso. ¿Qué pasa? ¿Es un problema de identidad? ¿Es que son pobres? Entiendo que si estás en un país en guerra… pero viviendo aquí. ¿Qué pasa por tu cabeza para hacer esto? Yo no creo que haya hipocresía. Cuando muere tu vecino te duele mucho más que si muere alguien que no conoces. Mi pregunta es: ¿qué pensaban estos chavales?»
I: «Yo creo que nunca nos ponemos en la piel de esas personas, ni en la de sus familias. Creo que, de alguna forma, eran personas que estaban en situaciones vulnerables, no económicas ni nada, sino más bien psicológicas, en plan “tengo problemas, estoy muy perdido…”. Yo siempre he creído que ISIS es como una secta, pero a lo grande. Gente joven que llegue a actuar de esa forma… no sé, es como que se agarran a eso, ellos les dan un apoyo, un agarre: “Ellos me apoyan, yo les debo fidelidad”. No tiene nada que ver con el Islam, como dicen. Todo el mundo pasa por momentos de “estoy muy perdido, qué hago”. A mí me pasó, y me aferré al Islam y me puse el velo. Pero en este caso es una gran comida de olla, es “cojo lo que me están vendiendo y lo aplico como ellos me están diciendo que es la forma correcta”. Creo que sí, que los chavales son terroristas, pero también son personas afectadas por todo lo que está pasando, personas vulnerables que en algún momento fueron captadas por ISIS.»


B: «No sé cómo leerlo. Puede influir el tema de la identidad, del desarraigo, de no ser de aquí ni de allá, de no saber cómo comportarse, de ser siempre extranjero. Pero llegar al punto de matar gente… creo que hay veces que influye también el hecho de provenir de países muy conservadores, con una educación muy cerrada, con poca libertad.»
I: «Uy, el tema de la libertad, no sé… Hablan de libertad, pero ¿de qué libertad? Yo provengo de un país árabe donde puedo ir a la playa y me puedo bañar en bikini, en bañador, con burkini, con vestido y nadie va a decirme nada. Llegamos a España, vamos a la playa, me baño con la ropa y tengo mil ojos mirándome y diciendo: “pero, bueno, ¿qué hace esta chiflada?”. En esos sitios, en esos momentos, no sé dónde encuentras la libertad. Aquí se supone eso de que cada uno puede ir como quiere, vestir como quiere, la libertad individual…, pero eso no se aplica.»

Islamofobia post-17A

B: «Yo no he sentido ningún incremento de las conductas racistas desde el 17A.»
I: «Yo un poco lo mismo. Los primeros días, puede ser. Estaba de vacaciones y cuando volví no noté ninguna diferencia. Es verdad que salí con el miedo ese de: “Ahora me van a ver y qué van a pensar, ahora las miradas me van a chocar, qué pasará si voy con el velo”, pero después fue como… “¡Ilham, por dios, no!”. Lo piensas, es una realidad, hay racismo. Pero, tras el atentado, hubo una masiva manifestación que yo viví como de apoyo a los musulmanes y sentí: “Bien. No está tan mal la cosa como pensaba”. No sé cómo decirlo, te das cuenta de que, desde el punto de vista de la convivencia, la sociedad no está perdida del todo. Ya no funciona tanto aquello de “son todos iguales”, “me ha robado un negro y, entonces, todos los negros me van a robar”. Creo que, en el caso del atentado del 17A, socialmente no se ha criminalizado al colectivo, y eso es muy bueno.
»[…] La comunidad, además, saltó a la palestra. Aquí hay dos puntos de vista. Ambos igualmente válidos, creo. Uno dice: “Vale, soy musulmán, voy a salir y voy a demostrar que yo no soy eso [terrorista], voy a ponerme ahí delante y voy a decir que no”. Luego, hay otro punto de vista que dice: “Estas personas no son musulmanes. No tengo por qué salir a la calle a demostrar nada”. Si quieres puedes salir a la calle y demostrar que eso no tiene relación contigo. O también quedarte en casa y no salir, porque eso no te representa. En las redes sociales, hubo mucha presión: “Salid y defended vuestro nombre como musulmanes”. ¿Por qué tengo que salir, si yo no he cometido ningún atentado?»

Redes sociales

I: «De hecho, este choque, este pique, este racismo, se nota más en las redes sociales que en la realidad. Pasas por la calle y puedes oír un comentario racista y ya. Pero en las redes sociales hay un nivel muy alto de críticas, insultos, amenazas. Es como si la gente no tuviera el valor de decirlo a la cara. Ahí puedes decir lo que quieras. En un cara a cara, es más fácil callarle la boca al otro con buenos argumentos. Esos días, las redes sociales de mi comunidad ardían: “Ahora somos el centro de atención otra vez…” y, en muchas páginas, racismo total: “Tú, por tu color de piel, puedes poner una bomba donde sea en cualquier momento” o “Musulmania… el país donde viven los musulmanes”.»
B: «Es en esas situaciones cuando en las redes sociales se nota más cómo se genera odio hacia una comunidad. Se aprovechan. “Ahora es el momento de criticarles.” Al cabo de un mes, todo se tranquiliza. Se dice cualquier barbaridad. “Yo lo digo y ahí se queda…” Son espacios donde se genera y se actúa muchas veces por miedo.»
I: «Ahora bien, más allá de la generación de discursos de odio, yo me fío más de lo que se dice en las redes sociales que de lo que se dice en los medios de comunicación. Lo que me venden en la tele es una farsa, una mentira. Se tergiversan conceptos, palabras, ideas… Las redes sociales lo enfocan de otro modo. Puedes buscar diferentes puntos de vista, informarte de diferentes maneras.»

Las familias y el miedo

B: «Yo, después de los atentados, por ejemplo, tenía miedo de entrar en el metro. Pensaba que podía pasar algo allí. No sé si la gente de aquí tenía más miedo que yo, al ser yo de otro mundo, no sé…»
I: «Yo creo que tenía el mismo miedo que la señora que estaba sentada a mi lado. No creo que en estos casos el miedo tenga que ver con el origen. No debería ser así. Todos debemos poder tener el mismo miedo.»
B: «Yo vengo de una familia conservadora y, tras los atentados, mi padre, por ejemplo, caía en esas generalizaciones de culpabilizar al conjunto de los musulmanes. Creo que debería hacerse un esfuerzo por pensar de otra manera. Discutimos al respecto, pero a veces piensas: “¿Para qué sirve, para qué voy a hablar?”. Pero, de todos modos, es importante abrir el debate con ellos e intentar que no sean tan cerrados, que vean las cosas de otra manera.»
I: «A mí me pasa todo lo contrario. Cuando me puse el velo, por ejemplo, mi padre me dijo: “Hija, no. En los estudios, en el trabajo, te van mirar mal…”. Yo podría parecer la conservadora, pero no. Le dije a mi padre: “Yo soy lo que soy, porque quiero serlo. Nadie va a decirme qué puedo y qué no puedo ser. No puedo dejar de pensar cosas porque a otras personas no les guste cómo pienso”. Yo soy de aquí y soy así. La gente no puede juzgarme por una tela. Mi madre me apoyó.
»Pero en los días posteriores al atentado, fue mi madre la que me miraba y me decía: “Hija, no salgas vestida así, te puede pasar algo… Igual viene un chalado y te tira en el metro”. Yo pensaba: “Madre mía, mamá, me estás comiendo la cabeza”. Pero ese miedo se pega. En la calle, en vez de pasar por aquí, pasaba por allí…»

¿Desde dónde se habla?

I: «Muchas veces se enfoca todo desde el etnocentrismo. Y creo que es una forma errónea de ver las cosas. Hay que intentar empatizar, no solo simpatizar. Es importante intentar descubrir cómo se ve todo desde otras posiciones. Por ejemplo, lo que decía antes. Si yo soy musulmana y, en el Islam, la homosexualidad no está bien vista, y yo tengo amigas homosexuales… ¿qué voy a hacer? ¿Me voy a apartar de ellas y decir: “Yo ahí no voy porque rechazo todo lo otro”? ¿O voy a intentar ponerme en su lugar, respetar lo que ellas decidan? No dejaré de compartir mis ideas con ellas porque deciden ser de cierta forma. Es lo que quiero que hagan conmigo. Yo quiero que me acepten siendo de cierta forma y haré lo mismo con los demás. […] En general, se tiende a hablar de muchas cosas ignorándolas. Yo pienso que no habría que hablar tanto de temas que no conocemos. No aceptes lo primero que te vendan. Infórmate.»
B: «Creo que es importante que los chavales de aquí tengan más amigos extranjeros y viceversa. Así se rompen los estereotipos.»

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