Las mujeres que ejercen prostitución mantienen el pulso con el Ayuntamiento

Masala | 23/07/2013

El proceso que comenzó el mes de marzo pasado con el encuentro con la Síndica de Greuges, Maria Assumpció Vilà, continúa vivo. Luego de conseguir su primer objetivo, reunirse con Xavier Trias el 26 de abril en la «Casa Gran», el colectivo aún espera respuestas. En aquella ocasión, las mujeres que fueron portavoces de la organización dejaron las cosas claras: era necesario hacer un giro en las políticas públicas respecto de la prostitución y proponer medidas que fueran una mejora real de la convivencia sin vulnerar sus derechos. Para ello, se ofrecieron a comenzar un proceso de negociación siempre y cuando la brutal presión policial a la que se ven sometidas cotidianamente cesase. Si bien con pocas concreciones, el alcalde traspasó de alguna manera la tarea pendiente a la actual concejala de Dona i Drets Civils, Francina Vila, también presente durante la reunión, para dar seguimiento a las conversaciones. Casi dos meses más tarde, la continuidad de estas propuestas era inexistente.

 El silencio se rompió de forma unilateral por parte de las mujeres trabajadoras del sexo. El anuncio de una cacerolada sorpresa el pasado 12 de junio en el blog del colectivo de Prostitutas Indignadas daba las explicaciones que las llevaban a iniciar esa acción de protesta: «La situación actual es insostenible, la violencia vivida día a día, la falta de recursos, la incomprensión y el estigma. Somos mujeres valientes, autónomas, capaces de decidir. Estamos enfadadas con el trato, las faltas de respeto, las negativas a buscar soluciones».

 Durante los últimos cuatro miércoles, las calles de Robador y Sant Ramon se han convertido en un espacio de reivindicación —cacerola en mano— para recordar al Ayuntamiento que se les debe una explicación. Muchas personas se fueron acercando, por cercanía o por solidaridad, y las acompañaron. Se entiende perfectamente la sensación de que ciertos espacios públicos del barrio chino son territorio de ensayo de prácticas policiales represivas; es ya una expresión colectiva. Dicen que la cacerolada del último miércoles fue la última, que necesitan tiempo para pensar nuevas acciones. Tendremos que prestar atención a sus propuestas en los próximos meses porque no parece que el colectivo de prostitutas tenga razones para dejar de sentir indignación.

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